La evolución siempre ha sido parte de las principales características de Lola Bar, ubicado en calle Francisco Bilbao #1315, casi esquina Manuel Montt, donde alguna vez funcionó una tradicional panadería de barrio. Un espacio con estética provocadora, luces rojas, neones, muros de ladrillos, sillas de terciopelo, espejos, plantas y una barra que, por momentos, parece tener vida propia, con una propuesta que entiende algo fundamental en un rubro altamente competitivo.
En Lola nada parece estar puesto al azar. La iluminación, la música, los materiales, la disposición de las mesas y, por supuesto, esa impresionante colección de destilados que construyen un escenario que hipnotiza y que invita a quedarse por largas horas, con un estilo que juega con la irreverencia, pero que al momento de beber y comer, se toma las cosas bastante en serio.
La cocina transita por preparaciones sencillas, aunque con suficientes giros para escapar de lo común. Entre ellas destaca la Fritanga Marina, unos crujientes camarones apanados de buen calibre y en su punto, acompañados por una salsa huancaína con ají amarillo y láminas de rabanito que aportan frescor y textura.

Otra opción es La Trufa Rebelde, mousse de champiñones trufados a la francesa, acompañada de shitake frito y champiñón ostra asado. El conjunto incluye parmesano rallado y ciboulette fresco, además de cuatro unidades de pan hawaiano que funcionan como vehículo perfecto para llevarse cada bocado.
Para quienes buscan una alternativa vegetariana, Las Coli Power sorprenden por su combinación de texturas, coliflores marinadas en leche de almendras y fritas en tempura, bañadas en chimichurri y acompañadas de veganesa de betarraga, ají amarillo encurtido y hojas de albahaca fresca. Una preparación que demuestra que lo vegetal está lejos de ser una propuesta secundaria y aburrida.
Y si hay un plato que sorprende, ese es el Pot Pie a la Chilena. Un enjundioso guiso de tapapecho, trabajado a fuego lento al estilo de una mechada, cubierto por un hojaldre dorado y crujiente, ciboulette finamente picado y cebollita morada encurtida para completar una elaboración bastante contemporánea.

La barra como protagonista
Sin embargo, es en la coctelería donde Lola Bar parece encontrar su lenguaje más propio. Bartenders altamente capacitados, ejecutan con técnica e intención sus mejores recetas. Acá entienden que innovar no significa llenar una copa de ingredientes difíciles de pronunciar, sino conseguir que cada elemento tenga algo que decir.
La Vigilia del Plomo es un buen ejemplo: gin infusionado en té de mariposa, syrup de melisa, vermouth bianco y solución cítrica. Fresco, aromático y delicado, con una ejecución que permite que sus componentes conversen sin que ninguno termine imponiéndose o quitando protagonismo al otro.
Por su parte, El Metropolitano, toma una dirección más intensa e incluye pisco de 40° infusionado en huesillo, syrup de ajenjo, bourbon y un toque efervescente de tónica que logran una combinación que cruza referencias locales con técnicas y códigos contemporáneos, consiguiendo una copa de mayor carácter.

Lola parece tener claro que quedarse quieto podría hacerles perder terreno. Por eso su carta de coctelería se encuentra en permanente movimiento y sus creadores hoy día buscan en la Isla de Chiloé, inspiración para crear bebestibles refrescantes y con un atractivo visual que enamora. Productos como la salicornia y la murta entran en escena para formar parte de los nuevos cócteles de autor.
La seductora propuesta de este bar en Providencia también pretende construir una identidad y cuando las luces se encienden, las copas comienzan a circular y los platillos salen de ese pequeño laboratorio de sabores, queda claro que detrás del neón hay bastante más que una buena fotografía para Instagram. Lola Bar quiere ser vanguardia, pero con sabor propio. Y por ahora, la fórmula parece ir por el camino correcto.