En calle Triana, donde por años predominaron las oficinas, locales al paso y el ir y venir de quienes apenas se detienen, una antigua casona decidió recuperar otro ritmo. Detrás de su fachada, las conversaciones se alargan, el aroma del café recién preparado se mezcla con libros antiguos, revistas y muebles cargados de historia.
Así nace Prensa, un espacio que busca devolverle al barrio el placer de encontrarse y que abrió sus puertas hace menos de tres meses, gracias al sueño compartido de dos amigas de infancia. María Edwards, anticuaria y Macarena Guzmán, chef y cocinera, quienes llevaban años imaginando un proyecto que reuniera todo aquello que las apasionaba: gastronomía, objetos con historia, lectura y el placer de compartir una mesa.

María conoce el sector como pocos. Vive en la casa contigua desde hace más de una década y ha visto cómo el barrio dejó de ser exclusivamente residencial para transformarse lentamente en un polo cultural y gastronómico. Mientras muchos observaban ese cambio desde la distancia, ella decidió ser parte de la transformación.
«No queríamos un lugar para que la gente viniera una sola vez. Nuestra intención era mucho más ambiciosa y apostamos por crear un espacio donde los vecinos pudieran quedarse horas trabajando, leyendo un libro, conversando o simplemente observando cómo la luz entra por las ventanas durante la tarde entre muebles antiguos y piezas de colección”, recuerda.
En esta cafetería nada permanece inmóvil. Los objetos cambian constantemente de lugar porque todos están a la venta, convirtiendo la cafetería en un showroom vivo.
El nombre tampoco fue casual. “Prensa” resume la esencia del proyecto y es un homenaje a la historia editorial del barrio Triana, donde alguna vez funcionaron importantes imprentas, editoriales y revistas emblemáticas como Paula, Mampato y Ritmo. Además, María participa activamente en el rescate del Archivo Moderna, iniciativa dedicada a preservar y digitalizar el patrimonio de la revista Paula, fortaleciendo aún más ese vínculo con la memoria escrita.

También se rescata el concepto de “prensa francesa”, método con el que preparan uno de sus cafés más representativos. A diferencia del consumo individual que caracteriza a otros locales de su tipo, aquí la consiga es compartir. Una jarra sobre la mesa abre espacio para preguntar si alguien quiere otra taza, comentar el aroma o prolongar una conversación. Es un gesto simple que resume la filosofía completa del lugar y que invita a bajar el ritmo.
La misma lógica se vive en la cocina, donde la idea es hacer de lo simple, una experiencia memorable. No hay pretensiones de alta gastronomía ni platos difíciles de descifrar, sino más bien preparaciones sencillas, reconocibles y elaboradas con materias primas de pequeños productores. “El pan de masa madre proviene de un panadero artesanal; la miel nos llega desde Puerto Varas; el chai viaja desde el sur y varios de los insumos son fruto de colaboraciones con emprendedores del mismo barrio”, cuenta María.
El café naturalmente es el protagonista, con una carta de especialidad preparada a través de distintos métodos, además de los clásicos cappuccinos, filtrados y americanos, junto a algunas bebidas que se han ganado un espacio especial, como el matcha frío endulzado con miel ahumada, el chai artesanal y la golden milk, propuestas que reflejan la búsqueda permanente por ofrecer sabores diferentes sin perder la sencillez.

La vitrina cambia cada mañana con horneados elaborados en casa. Rollos de canela, queques, galletas y una tarta de limón sutil que rápidamente se ha convertido en la favorita de los clientes, acompañan la experiencia. A esto se suman sándwiches preparados en panes artesanales de masa madre, ensaladas frescas y un menú diario que varía según la temporada, manteniendo siempre el mismo principio de ofrecer platos generosos, fáciles de reconocer y pensados para disfrutar sin prisa.
Pese al poco tiempo de funcionamiento, la respuesta del público ha superado las expectativas. “Algunos llegan con su computador para trabajar, otros leen durante horas, hay parejas que vienen con sus hijos, con sus mascotas o simplemente buscan un lugar tranquilo para estar solos. Lo más valioso es que muchos regresan varias veces por semana y comienzan a apropiarse del espacio como si siempre hubiera estado ahí”, destacan sus fundadoras.
Sin embargo, el café es solo el punto de partida. Las próximas etapas del proyecto contemplan instalar una biblioteca comunitaria, desarrollar clubes de lectura temáticos, encuentros sobre patrimonio editorial y todo tipo de talleres, además de abrir la terraza durante la primavera para convertirla en un nuevo lugar de encuentro. El objetivo es convertirse en un puente entre el patrimonio del sector y las nuevas generaciones, recuperando el valor de reunirse en torno a las ideas, la conversación y los libros.

En tiempos donde la velocidad parece imponerse sobre cualquier experiencia cotidiana, Prensa apuesta justamente por lo contrario. Aquí el café se sirve lentamente, las mesas invitan a quedarse y las historias del barrio encuentran un nuevo lugar donde seguir escribiéndose. Porque los mejores espacios no son aquellos donde solo se consume, sino donde las personas vuelven a reencontrarse.
Dirección: Triana 847, Providencia.
Horario: lunes a miércoles de 09:00 a 18:00 hrs. jueves y viernes de 9:00 a 19:00 hrs. sábado de 11:00 a 19:00 hrs.
Instagram: @cafe.prensa
