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El cine gourmet: la comida en los grandes momentos de la gran pantalla

La cinematografía se sustenta en historias sobre las personas, cuya humanidad o bien la carencia de ésta nos conduce hacia diversos contextos. La cámara observa y registra la vida en 24 cuadros por segundo a través de una recreación en torno a momentos, diálogos y situaciones de las cuales la audiencia suele sentirse identificada, a la vez que se produce una suerte de purga colectiva que nos permite liberarnos de nuestros miedos y angustias, a la vez que nos permite soñar con infinitas posibilidades, ya sea en mundos reales u otros absolutamente fantásticos. Además, siempre he creído que el cine es vida o más bien una pasión que me es difícil poder definir en pocas palabras. Quizá las décadas de mucho cine que he experimentado me han permitido tener una visión del mundo mucho más clara, teniendo presente las complejidades y contrariedades de nuestra especie, así como de aquellos momentos que nos acercan a la más absoluta grandeza.

Ahora bien, toda la cinematografía que me ha acompañado ha tenido una conexión importante con la comida. Momentos icónicos vienen a mi mente en torno a la comida, en escenas bajo la dirección de grandes cineastas y junto a diversos intérpretes, más allá de si estos eran muy conocidos o bien actores de carácter. La comida siempre ha estado vinculada al cine, la que también ha definido parte de sus historias y de sus protagonistas. A continuación, compartiré con ustedes algunos momentos icónicos del cine en donde la comida ha desempeñado un rol importante. Lo anterior, para amplificar un sentimiento, una sensación o bien para revelar subtextos de las historias que vemos en la gran pantalla.

Contacto en Francia (Dir. William Friedkin, 1971): Popeye Doyle es uno de los personajes más relevantes dentro de la filmografía de Gene Hackman como actor. En el filme de William Friedkin, que se alzó con los Premios Oscar a la Mejor Película, Director y Actor; Doyle se presenta como un policía violento, obsesivo y mal hablado. No le interesa la formalidad y el respeto por las estructuras. En vez de ello, prefiere focalizarse en atrapar a los criminales, independiente si estos son importantes o de poca monta. Es un hombre de ley con sus códigos propios. Hackman está notable en esta obra ofreciéndonos un tour de force interpretativo.

En el filme siempre me llamó la atención el duelo entre este antihéroe (Popeye Doyle) y el villano de turno en la figura de Fernando Rey. El actor español interpreta a un traficante con nexos internacionales. Realiza una visita a Nueva York y en su recorrido se detiene en un elegante restaurante. Prueba exquisiteces y platos gourmet en un ambiente cómodo y bien atendido, mientras que Doyle lo vigila desde la vereda del frente con frío y comiendo un bocadillo de mala calidad. La escena se toma su tiempo para establecer las diferencias sociales y de poder entre ambos personajes. Fernando Rey es un burgués gracias a su imperio de la droga. En contraposición está Doyle, con un mal sueldo, sin haber dormido, mal vestido y pésimamente alimentado. Sin embargo, Doyle se mantiene firme en su misión porque está comprometido con la labor policiaca que representa, a la vez que siente una repulsión absoluta por los malhechores que persigue. Sin duda, una gran escena que antecede a la eterna persecución policiaca entre el gato y el ratón.

El Perfecto Asesino (Dir. Luc Besson, 1994): Subway, Azul Profundo y Nikita contribuyeron a la visibilidad de Luc Besson, cineasta francés con claras influencias provenientes del videoclip y la publicidad. Besson siempre ha tenido seguidores y detractores. Estos últimos lo han desestimado por ser un cineasta demasiado centrado en las formas más que en la profundidad de sus historias. Sin embargo, uno de sus filmes más logrados se estrenó en 1994, en torno a un sicario solitario muy hábil con el manejo de las armas. Jean Reno protagonizó Azul Profundo con mucho éxito y vio en Besson la oportunidad de cimentar una carrera en el cine estadounidense. La historia elegida fue la que nos presentaba El Perfecto Asesino, obra que impresionó a todos por su espontaneidad, en especial gracias a la figura de Natalie Portman en un relato con toques de Lolita de Nabokob. A ello se sumó un villano de primera en el rostro y actitud de Gary Oldman como un detective desequilibrado, gritón y con varias frases célebres.

En el filme una caja y un vaso de leche tiene un rol simbólico. Primero, representa la inocencia del personaje de Natalia Portman, cuya familia es masacrada. Una caja de leche le salva la vida, a la vez que la conecta con Leon, el personaje que interpreta Jean Reno. Este sicario es un arma perfecta para matar, si bien al tomar leche nos presenta su humanidad y cierto infantilismo en torno a un hombre sin amor, pero que en la niña que salva descubre algo de sentido y redención para su vida.

Twin Peaks (Creador David Lynch y Mark Frost, 1989-1991 / 2017): siempre quise vivir en Twin Peaks, un tratamiento existencialista sobre la condición humana, pero desde la perspectiva de lo bizarro y la incomodidad. David Lynch fue cada uno de sus personajes, historias y películas, pero con Twin Peaks hizo algo único al redefinir la televisión, sus códigos y formas. De esta serie podríamos escribir y hablar horas interminables porque cada visionado te presenta algo nuevo. Todos sus personajes se enfrentan a un misterio, en especial a través de los primeros 15 capítulos de la serie, en torno al asesinato de Laura Palmer. Un pueblo chico se transforma en un infierno grande con sus héroes, antihéroes y villanos. Es la eterna contienda entre el bien y el mal, uno que se esconde detrás de la trivialidad. En Twin Peaks hay melodrama, suspenso y perplejidades visuales, de aquellas que con cariño y dedicación lideró David Lynch por más de cuatro décadas.

En todo este universo está el personaje de Dale Cooper (Kyle MacLachlan), agente especial del FBI que tendrá la misión de investigar un misterio que lo conectará con la más absoluta maldad. Cooper es un sujeto excéntrico, pero también un caballero con armadura que busca la verdad, la justicia y la protección de quienes le rodean. También es un sibarita, en especial por su afición al café bien hecho y al pastel de cereza, precisamente el que elaboran en la cafetería / restaurante Double R Diner. La conexión con esta comida y el citado café se relaciona con la importancia de poder valorar lo simple y las pequeñas alegrías en torno a sensaciones que nos permiten humanizarnos y disfrutar, aún en medio de la presencia del mal. El pastel de cereza y un buen café simbolizan el equilibrio mental de Dale Cooper. Aquello le permitirá, gracias a su carisma y humor, sumar energía para enfrentar el mal. Es un hombre recto que es capaz de otorgarle la dimensión precisa a aquellos momentos que nos conectan con nuestra identidad y felicidad, y que también evitan volvernos dementes y malvados.

El Padrino (Dir. Francis Ford Coppola, 1972): la mejor saga sobre una familia italoamericana cuyos negocios se relaciona con el juego, el tráfico de influencia y el desarrollo de negocios ilegítimos. Francis Ford Coppola, de la mano del escrito Mario Puzo, no acercó a los códigos del hampa, pero una que sustentaba su fuerza desde la figura de la familia. El Padrino, toda su trilogía, es un estudio sobre las relaciones de poder y cómo estás condicionan el alma humana. La familia Corleone no sólo busca preservar su posición dentro del mundo del hampa, sino más bien persistir en medio de un mundo corrupto del cual también son protagonistas. Vito Corleone (Marlon Brando) representa la sabiduría de quien ha vivido mucho. Sabe cómo hablar e imponer respeto ante los demás, mientras que Michael Corleone (Al Pacino) es la figura del converso, de quien a través del poder se transforma en una versión solitaria de sí mismo. Vive y experimenta el descenso al infierno a partir de una vida compleja en donde la imagen, una palabra apropiada y determinadas acciones valen más que mil palabras.

En El Padrino la comida desempeña un rol clave, ya que es el punto de unión entre todos sus personajes, a la vez que simboliza el espacio en donde la familia y su lealtad es puesta a prueba. Las comidas familiares son el especio en donde se constituye la génesis del imperio que la familia Corleone ha construido, con todos sus nexos e influencias sociales, políticas y policiacas. Cada película de la trilogía comenzaba con una fastuosa fiesta en donde comensales podían disfrutar del poderío de los Corleone, teniendo claro cuál es el lugar de cada uno en una suerte de pirámide social que determinada el espacio de acción de cada uno. En el filme hay frases célebres, entre ellas, “Deja el arma, llévate los cannoli” o bien cuando Michael venga a su padre herido en una célebre escena en un restaurante, la que representa su absoluta conversión y sin retorno alguno. El Padrino es una celebración en torno a la familia, sus códigos, y siempre en torno a la comida como espacio de diálogo y de definición sobre los roles de poder.