fuente de soda póker

El recuerdo de tres fuentes de soda que rendían culto a los completos

En mayo el mes del completo se celebra – era que no – comiendo completos. El deambular cotidiano por la ciudad nos llena de un sabor agridulce, la evocación del pasado nos trae a la memoria aquellos templos completeros que, por una u otra razón, dijeron adiós. A continuación, el recuerdo (¿o más bien será un panegírico?) de tres tradicionales fuentes de soda que hoy habitan solamente las avenidas de la historia.

El Póker era una fuente de soda de las de antes: espacio para unas 30 personas y vitrina por muro principal, así uno se podía tentar mirando desde afuera la generosa barra de madera desde donde se servían schops siempre frescos y suculentos a parroquianos fieles.

Estaba al costado del Teatro Municipal, por calle San Antonio y yo llegué por un dato que me pasaron. Tal como un romance quinceañero, mi relación con el Póker fue inmediata e intensa. Me enamoré de sus completos, que aparte de una mayonesa casera que no he vuelto a probar en otra parte, tenían una exquisita salsa verde, muy bien aliñada y con cebolla y cilantro siempre frescos, que complementaba a la perfección la americana con vocación de salsa tártara. El tomate, picado en cubos con cáscara, le daba personalidad y el pan era otra cosa: más pequeño que el promedio, pero siempre a la temperatura correcta, caliente sin estar tostado y de textura muy suave.

Lo malo – aunque esto es una apreciación subjetiva – es que los completos eran muy chicos (pero como eran tan ricos, uno se terminaba comiendo tres). Ahora bien, lo que sí era indiscutiblemente incómodo era la falta de pago electrónico, que hacía que cada visita al lugar estuviese precedida por una al cajero automático y que, además, dificultara la hipertermia bucal al muchas veces no tener el efectivo suficiente para financiarla.

El Póker era un local de otra época. Las mesas estaban muy bien servidas por gente que se notaba había crecido con el local y yo creo que eso mismo, tan lindo, tan entrañable, contribuyó a su ocaso: el 2020 cerró sus puertas. Le llovió sobremojado con el fallecimiento de su administradora histórica y con la pandemia de COVID-19 (supongo que, si no sabían de Transbank, menos iban a estar preparados para el frío y cruel mundo de las apps de delivery).

Desde que cerró que ya ni me molesto en pasar por la zona. Por Google Maps me enteré que el Póker ahora es una óptica genérica. Sin completos de sabor único, sin calor de hogar adentro, sin una barra hermosa.

El Prosit era otra fuente de soda, que estaba a la salida del metro Baquedano. Contrario al Póker, era grande y luminosa, te atendían señoras de trato cariñoso, como si fuera tu mamá viéndote llegar después de un día en que la ciudad trató de acabar contigo, y lo que más me gustaba de ese lugar era el abundante y sabroso queso de sus Barros Luco, el schop llegaba casi de inmediato a la mesa y, al estar ubicada en el ombligo de Santiago, te servía como previa o cierre para lo que se te ocurriese. Venía en decadencia eso sí, y sus amplios comedores nunca sobrepasaban las 8 mesas ocupadas, con mucha suerte. La muerte de su fundador le pegó fuerte, pude averiguar.

Hace poco se supo que este local, tras 4 décadas funcionando, bajó la cortina. El lugar será ocupado por un Rey de las Micheladas, que si cruzas el río y caminas por Pio Nono hacia el cerro, verás que en esas dos cuadras tiene 8 locales más (no estoy exagerando, son ocho, los conté). Un lugar que era referencia, que en décadas pasadas fue centro de la bohemia santiaguina, desplazado por una cadena.

Y ojo, que no estoy en contra de las cadenas, la siutiquería de odiar al delicioso doble cuarto de libra con queso no va conmigo, pero lo que no me gusta es la destrucción del patrimonio. Misma de la que fui testigo cuando cerraron el HBH en Ñuñoa y en su lugar pusieron – ¡Oh, sorpresa! – otro Rey de las Micheladas.

Según leí en la prensa, el dueño de esta empresa intentará respetar el aire que tenía el Prosit y utilizará su cocina para desplegar los sánguches que tiene en su local “Donde el Nano” en La Vega. Desconozco si en el ex HBH se seguirán sirviendo sus icónicos crudos y la cerveza artesanal hecha ahí mismo, ojalá cumpla su palabra.

¿Qué le queda a uno ahora? El hype y el turismo están medio matando la esencia de La Terraza, y sus completos ya no son los mismos que antes del Estallido (calidad no es sinónimo de cantidad necesariamente, anótense eso), lo que era la Fuente Alemana en el centro ahora es una cáscara, y así nos vamos quedando con cada vez menos fuentes de soda. El Münich, en Vicuña Mackenna, sigue dando cara. Elkika, sobre todo el de Pedro de Valdivia, la Fuente Suiza cerca de Plaza Ñuñoa o Chato’s en Ossa ahí están, pero al entrar te dan esa misma sensación que te daba en los últimos almuerzos en la casa de tus abuelos: disfruta y atesora estos momentos, que más temprano que tarde serán solo un recuerdo.

Supongo que habrá que adaptarse y buscar nuevas parroquias.

¿O fundar una?

chatgpt image 7 may 2026, 12 53 24